domingo, 3 de mayo de 2020

Un Dios con entrañas de Madre

¡Hola a todos!
¡Un recuerdo especial a todas las madres en su día!

Me preguntaba si, siendo además el día del Buen Pastor, iba a dejar de referirme a estos motivos especiales de celebración y de fiesta. Pensándolo bien, ¡qué más que este día para recordar lo más hondo de la belleza y auténtico signo, memoria, impronta... del mismísimo Amor de Dios! Ver a mi madre cada día es mirar la bondad de un Dios encarnado en sus entrañas: capaz de todo, dispuesta a todo, soportándolo todo... Todos los que tenemos -o hemos experimentado- ese amor incondicional de nuestra madre, sabemos muy bien de lo que hablo. Y es difícil no descubrir a ese Dios entrañable cuando tenemos enfrente a nuestra madre que, entre silencios y palabras oportunas, nos sigue generando, tengamos la edad que tengamos, ese descanso seguro y confiado donde podemos reposar, donde estamos en el hogar, donde volvemos al regazo. 

Lo tremendo de esto es que, tal y como también pasa con nuestra relación con Dios, pasamos tanto de todo y de ellas, nos preocupamos tan poco de cultivar nuestro vínculo de amor filial, que, así como viene la primavera y todo es un auténtico milagro de nueva vida y reverdecer, así lo vemos todo tan obvio que nos lo perdemos. 

Nos perdemos del milagro verdadero de tener en casa ese reflejo de nuestro Dios con entrañas de Madre, en su café mañanero, su presencia alentadora, sus palabras de consuelo, sus caricias sosegadas, su consejo tierno y su temple valiente y generoso. ¡Así es como también nos perdemos del paso permanente y constante de nuestro Dios en la vida de cada día!

Pero hoy es un dia para volver a renovar, con memoria y gratitud, el amor a nuestra madre, la tengas en casa o en el cielo, y recordarte a ti mismo que su amor nos lleva al Amor. 

Aquí os dejo una canción que le compuse a la mía hace muchos años; dedícasela a la tuya, esté donde esté. Poesía hecha canción, con las que resumo la gratitud a una vida recibida por ella, a un amor incondicional que nos lanza a reconocer la grandeza y fidelidad de un Dios humano y personal, que es Vida, que acoge siempre con los brazos abiertos y el corazón dispuesto, que sufre con y por nosotros, que a veces con celo pide ser más valorado y amado. En ese jardín del Señor, y junto a María, está esa flor escondida que nos dio la vida, esa mujer que te dio la vida, que ha dado su vida en el sudor, el trabajo y las lágrimas para que vivas. Para ella (mi gran ejemplo de amor), para ellas (todas las madres), va este canto:


¡Hasta pronto!
¡De este cura que camina contigo mientras cantamos, todavía en el aislamiento preventivo por Covid-19! 

viernes, 24 de abril de 2020

¿Sacerdote24x7?

¡Hola a todos!

Desde la Cuarentena -y ahora desde el aislamiento en mi habitación- os comparto, como cada semana, mis pobres pensamientos y sentimientos cotidianos, sin mayor pretensiones que el seguir dándome tal y como es la llamada recibida por el Señor a todo el que va tras sus pasos. ¡Sin erudicciones y palabras rebuscadas de una "sabiduría impopular"!

Ante esta inusual inactividad consecuente de esta pandemia (bueno, al menos seguía orando con mis parroquianos con los #OraCanción, acompañando a la gente por llamada telefónica,  celebrando la Eucaristía diariamente retransmitida por las redes sociales y repartiendo alimentos a los fastidiados del barrio) -hoy ni eso-, he tenido el tiempo para pensar "de manera sensiente" (diría un tal Xavier Zubiri), sobre el "y entonces, ahora, ¿sacerdote para qué?". Y sí, no os niego que todavía estoy en proceso de asumir esta verdad, que, por cierto ya me ha tocado constatar, por Gracia, en otros episodios importantes de mi historia personal. 

La realidad de vulnerabilidad, ¡gloria a Dios! ¡Qué bella y gran verdad! Que si lo pensamos mejor, en ella se encierra el Misterio de Dios, la cuna de paja, la pobreza de Nazaret, la calumnia recibida... la Cruz. ¡Vulnerabilidad, fragilidad, debilidad...! Aún con sus matices, cada uno ponga el nombre que mejor encaje. Lo cierto es que eso somos los seres humanos. ¡Barro! 
Y digo esto pensando en mi servicio sacerdotal, en mi vocación de consagrado, en la llamada a "ser pan", con Cristo, y "eucaristizar" mi vida para que todos tengamos la Vida. Y tan frecuentemente operamos desde el estado "útil" de las cosas, que nos tornamos siempre tan torpes y cortos de mente y de espíritu para entender que, aunque el hacer me pertenece, no me define. Aunque mi acción es evidencia de lo que soy, mi existencia no se limita a mi hacer. En primer lugar porque somos seres morales, pero no sólo. En segundo lugar, porque llevamos en nosotros la impronta de una humanidad que es imagen y llamada a la semejanza con nuestro Hacedor. En tercer lugar, porque la presencia precede a la acción, por muy "buena y generosa" que ésta sea (recordemos que intención y actitud también son parte de lo que somos, y no siempre están enmarcadas en la acción). Y así, podríamos enumerar mil razones más. 

Pero, a lo que voy. Como sacerdote, es tan fácil desorientar la perspectiva, sea para justificar la mediocridad, la comodidad o bien el activismo superficial... y tomamos poco tiempo para entender la profundidad del Don recibido. Don que no sólo se concreta o mide en mi "capacidad operativa" o en mi "utilidad eficaz" para resolver los problemas sociales, como si dependiera todo de uno. (¡Más bien, a veces sería mejor desaparecer, para no estorbar!). 

Desde el año 2003 entendí que no, que mi presencia para Dios y para los que me quieren es mucho más que una acción positiva y eficaz. (Lo entendí en estado de postración en una cama durante meses. La "anécdota", en otro momento).
 
Llamado a unirme al Sacrificio salvífico de nuestro Señor, a su Pasión, Cruz, Muerte y Resurrección, entiendo que "aunque yo hablara lengua de ángeles... si no tengo amor, ¡nada soy!" (1Co 13, 1ss). Comprendo (o mejor, lo confirmo), ahora con mayor hondura y verdad, que estos paréntesis, desiertos, oscuridades desazonadas, no son más que un tiempo precioso de Gracia para ser más en Dios, desde la propia pobreza,  para ser más de los hermanos. ¡Misterio, sí! Pero ¡qué gran Misterio de amor de un Dios Enamorado que es capaz de hacer esto en mí, en nosotros, en quienes tenemos o hemos experimentado en la carne este milagro de haber sido salvados, transformando nuestro barro en milagro. 

Y, hablando de esta última expresión, termino invitándote a que escuches este tema que compuse y grabé hace mucho, pero escrito y orado en el contexto de aquel episodio del que os hablé antes. ¡Nuestro barro es tu milagro! Aunque está escrita desde el ánimo doloroso de la Cruz, sin duda que deja una gran alegría llena de certezas y Resurrección.


Ausente de estos medios que ya se me hacen cada vez más habituales, en días de mayor confinamiento por sospecha del bicho en mi cuerpo, sigo acompañando y dejándome acompañar, caminando juntos mientras cantamos. 

Hasta otro día. De este pobre y a-graciado cura. Y, sí, ¡sacerdote 24 x 7! 

viernes, 17 de abril de 2020

A mis "Peregrinos de la Esperanza"

¡Hola a todos!
!Feliz y especialísima Pascua de Resurreción!
¡Verdaderamente ha resucitado el Señor! No sólo porque la tumba sigue vacía hasta hoy, sino porque Jesús mismo en persona se apareció a los que antes le habían visto, lo habían conocido, habían comido con Él; habían paseado, pescado, sonreído y disfrutado la alegría de estar juntos... y el desgarre de verlo clavado en una Cruz. 
¡Vive! No sólo es nuestra Esperanza, sino la certeza honda de quien confía. 
Hoy quiero dar gracias infinitas al Señor Resucitado por la vida de tantos y tantos de mi barrio que han espabilado el oído y han abierto el corazón. Ante esta dificultad de la pandemia, para muchos es sólo eso, una dificultad. ¿Has pensado en que muchos vienen pasando auténticas tragedias de pérdidas, exilios, hambre, soledad, sinsentido...? ¿No has pensado que esta pandemia, por muy dura que esté siendo, está poniendo en evidencia nuestras luces y nuestras sombras, como ordenando las cosas, como haciendo patente una realidad que está allí desde siempre, tocando a tu puerta y ante la cual nos hacemos los locos? Sí, por muy trágico que te resulte el estar encerrado, te recuerdo que hay quien no tiene hogar, y no lo ha tenido desde mucho antes de la pandemia. Hay gente que no tiene empleo, y desde antes de la pandemia. Hay gente que sufre la atroz soledad cada día de su vida, el sinsentido en cada gramo de marihuana que consume en nuestras narices. Hay gente que ya era mayor cuando había sido "abandonada" a su suerte desde antes de que esto se desatara. Hay migrantes y refugiados que hoy sufren como nunca el hambre y la incertidumbre, desde antes de la pandemia. ¡Y así una a una las caras dolorosas que han existido desde antes del 13 de marzo!
El Covid-19 y su terror ha destapado lo que somos como sociedad, con sus grandes luces y también con la quietud y la comodidad de sus sombras. 
Hoy hablemos de las luces: las que alumbran a los hospitales entre batas blancas; antorchas, en quienes siguen en los supermercados, en los servicios de seguridad y demás servicios públicos; velas encendidas, en los docentes que continúan educando en la distancia; llamas encendidas de los padres y madres que hoy tienen "demasiado tiempo" con sus hijos (quizás la oportunidad para recuperar lo perdido). Cirios de sacerdotes que siguen dando su vida para acompañar a la gente en su sanidad integral, en la escucha y el encuentro con la Palabra, sea en celebraciones litúrgicas y sacramentos, sea entre oraciones comunes compartidas. Velas encendidas de monjas de conventos, abuelas de residencias, fábricas de otros rubros, que hoy ofrecen sus manos y su materia prima para elaborar lo necesario para seguir cuidando y sanando. 
Y, entre tantas y tantas personas, aquellos a quienes hoy dedico estas líneas, que mantienen aquella llama tenue de la Caridad que nunca duerme para seguir alimentando al hambriento, vistiendo al desnudo, acogiendo al forastero. 
Hoy quiero recordar especialmente a mis parroquianos que han seguido abriendo nuestra casa para acoger y acompañar a nuestros vecinos del barrio, muchos de ellos con la "impronta" de la migración. ¡Sello que duele y que se sufre! Muchas veces entre el silencio y la paciencia de quien confía en una patria nueva, de quien pone todo lo que tiene en manos de Dios y que, fiándose aún sin verlo todo claro, sabe que le espera una tierra que mana leche y miel, para él y para su familia. Pueblo de Dios en marcha, peregrinos incansables que no sólo se saben bendecidos por Dios, sino retados a acoger como una vez fueron acogidos. 
Hoy mi "gracias" inmenso es para mis hermanos y hermanas de la Hospitalidad de Cristo Rey, mis Peregrinos de la Esperanza, quienes ponen fuerzas, cualidades, salud y tiempo para hacer que otros tengan vida. ¡Qué regalo tan grande nos ha dado el Señor con su presencia en la parroquia! ¡Han venido a darle vida y sentido a una comunidad envejecida bajo el peso de los años y de los "estigmas" inamovibles del "siempre se ha hecho así"! Han venido a tambalear nuestros esquemas y a reavivar nuestra comunidad. Han venido a recordarnos que es al mismo Señor a quien acogemos cuando acogemos a cada hermano que sufre. Han venido a ayudarnos a todos a mirar al cielo de nuevo, sabiendo de dónde sacamos las fuerzas para seguir adelante, caminando con ilusión, esperanza y alegría, aunque deambulemos. 
Caminantes confiados, peregrinos de la esperanza, a cada uno de ustedes la mayor bendición que sale de mi corazón agradecido. 
"Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?" (Is 43, 19)
Pronto nos veremos de nuevo para abrazarnos con abrazos duraderos y carcajadas, para que nos sigan echando de los bares del barrio por el ruido de nuestras risas, para seguir celebrando la vida recibida a pesar de nuestros éxodos particulares y nuestras historias heridas. 
Son para el barrio presencia que borra las fronteras de las banderas, de los prejuicios, de los resquemores y la desconfianza. Forasteros que nos recuerdan lo que significa la entrañable misericordia de nuestro Dios. 
Rezo cada día por cada uno, mis amados hijos-hermanos-amigos, pidiéndole al Señor Resucitado que abra las sendas que aún no vemos, porque Él obra de maneras insospechadas e incomprensibles para nosotros. Él abrirá nuestros caminos donde no lo vemos claro, y los surcará con nosotros. 
En mis hermanos de Cristo Rey, me brota un recuerdo agradecido por todos los voluntarios de ONG's, asociaciones vecinales (de "iglesia" o no) y grupos de apostolado que siguen haciendo que la caridad nunca duerma, y se mantenga viva en los entornos vulnerables y periferias. 
Con el amor paterno-fraterno de un curita que camina con ustedes mientras cantamos, y que lo hará hasta que el Señor le robe el aliento. 

miércoles, 8 de abril de 2020

¡Día del Amor y la Amistad... confinados!

¡Hola a todos!

Es Jueves Santo, día especial para los amigos y "followers" de Jesús. Día de un sabor agridulce, extraño, sublime, grande; don y entrega; amor entregado hasta el extremo. Hoy sí que es el día del amor y la amistad verdaderos, San Valentín se lo dejamos al Corte Inglés. 

Día del Amor con mayúsculas, aquel que hoy sigue siendo "mal besado", Amor que, como aquella noche, sigue siendo "mal tocado". Parecía más sensato que los amigos de Jesús en aquella cena especial llevaran las mascarillas y los guantes, para no contagiar al Amor, para no vender los recuerdos y las risas por treinta monedas de plata. ¡La bajeza de nuestro instinto, el hambre de nuestro ego caníbal! 

Hoy es Jueves Santo y, ¡vaya Jueves Santo! Como ninguno, como nunca... o quizás, por el contrario, como aquel "primer jueves santo" vivido por Jesús en casa del "fulano", con doce -con sus Doce- pero solo... ¡radicalmente solo!, contemplando la mirada perpleja de once despistados y un rebelde con causas perdidas.
 
Quizás hoy es Jueves Santo como el primero, cuando el silencio aturdió después de brindar entre copas y hartarse de pan, en aquella sobremesa especial. De cuarentena los abrazos y las risas entre unos amigos que vieron milagros y testificaron la intimísima oración que Jesús mantenía con su "Abba". 

Día en que se hizo eucaristía la Eucaristía, como hoy se parten y reparten tantos en el silencio de hospitales, en el sillón del salón o en una capilla vacía. ¡Aplausos de "eucaristía" para todos ellos, para todos nosotros! 

Día sacerdotal, hondo, luminoso y transfigurado, en el que tantos hermanos sirven en lo escondido de su silencio o en la voz que se emite desde pantallas y altavoces para seguir vociferando con la vida que el Amor sigue sin ser amado, y que sólo es ese Amor el que salvará al mundo. 

¡Creyentes todos, es nuestro día! 
Y un recuerdo especial por ti, hermano Sacerdote, por nosotros pues, en virtud del Orden, también es nuestro día, Jueves Santo, como aquel primer Jueves Santo en la casa de fulano. Así que ponte guapo, y alza tu corazón agradecido por el regalo inmerecido que te ha sido dado como don y tarea para que el mundo crea... ¡o vuelva a creer!

¡A todos, feliz día del Amor y la Amistad...Verdaderos!

De este cura que camina hoy contigo mientras cantamos juntos algo como... ¡"Siervo por amor", en Sol Mayor! 

(Como ves, hoy voy entrando en la profundidad de un Misterio grandioso que me supera y hace escribir en "clave" y con enrevesos lo que brota de la espontaneidad del que sólo ha recibido Gracia tras Gracia, también en cuarentena)

miércoles, 1 de abril de 2020

Entre ventanas y pantallas

¡Hola, gente!
Sentado en el sofá, ya comienzo a dialogar con los objetos, a reírme de mí mismo, a inquietarme de tanta ausencia, de tanto silencio. 
Y aunque están siendo días de mucho recogimiento y oración, de buen uso del tiempo para componer, escribir e inventarme "payasadas" para mantenerme presente entre los chicos del cole y de mi parroquia... confieso que estoy en trance. 
¡Trance, entre el mirar por la ventana para nunca olvidarme de cómo son las calles y la gente, y el movilizar mis dedos entre las pantallas de mis dispositivos para intentar comprender lo que nos espera! Y, entretanto, pienso en que esta "epokhé" temporal nos está cambiando súbitamente, para bien o para mal. ¿¡Quién lo sabe!?
Intuyo que al salir de este paréntesis prolongado muchos correremos a abrazarnos... o, quizás, mejor nos miraremos de reojo y con desconfianza. Muchos andaremos por los asfaltos sedientos de ser pisados... o tal vez quedaremos en casa "idiotizados" por un ya instaurado modo de relacionarnos con nosotros mismos, con los otros, con el mundo. 
Lo cierto es que este "retiro improvisado" nos está cambiando por dentro y por fuera nuestra manera de relacionarnos, de mirar la vida, de sentir... ¡de amarnos!. Contactos "sin-tactos", ya inaugurados por tanto "amigo virtual" que pulula en nuestros mundos creados -las redes-. Pero, después de esto, ¿cómo nos reinventaremos, cómo comenzaremos a vivir lo que está por venir? 
Me asusta mucho que nuestros fervores momentáneos de querer ser más humanos no pasen de ser meras utopías deshinchadas al volver de esta "ficción". Me preocupa que esta "guerra con un invisible" acabe haciéndonos más bien islas incomunicadas, desiertos andantes, estériles de lo social, simples "mónadas" impenetrables y misteriosas (o más bien oscuras) de la esencia y vitalidad que hasta ahora nos hacía ser realmente humanos. 
¡En fin, hoy desempacando mis vagos recuerdos aprendidos de mis profes de Filosofía, intento escudriñar el preludio de una nueva historia, de una nueva era, de un nuevo tiempo, de un nuevo... ¡algo! 
Como no habrá conclusiones tempraneras sobre el tema, y entretanto salgo a aplaudir a los héroes de hoy, me despido hasta otro día. 
De este cura que -hoy desde el sofá- "camina" (así, entre comillas) contigo mientras cantamos (al menos por nuestros Lives). 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Me declaro en "tierra de nadie"


¡Hola a todos!

Estos días especiales de cuarentena obligada nos da para mucho. Algunos continúan agobiados por el "teletrabajo", otros cansados por el tiempo libre en abundancia que hace desesperar. Y, entretanto, algunos van colocando cada cosa en su justo lugar, como enfrentándose a un necesario orden en la propia vida y en el uso de las cosas. Por no hablar de los que se han sumido en un auténtico "desierto" de incomunicación... ¡Cada uno y su "cadaunada"! Estupenda ocasión para todo eso y más. 

Os comparto que llevo varios días leyendo al padre Rodríguez Olaizola, jesuita español. Buena oportunidad para leer "Bailar con la soledad", un libro que estaba en la lista de espera a ser leído (como nos suele pasar con los libros aparcados en la estantería). 

He llegado a una página controvertida y actual que habla sobre "la comunicación como batalla", y el autor se adentra a describir cómo la actualidad nos presiona a tomar posturas extremistas y polarizadas, como una dinámica "de guerra" instalada en la que no se admiten matices ni posiciones intermedias.

Hago alusión a este apartado del libro porque coincido plenamente con el padre Rodríguez Olaizola en que muchos, sin embargo, estamos en un terreno neutral en el que corremos el peor peligro ante los "balines" y "cañonazos" que recibimos de un lado y del otro, tildados sin piedad como los "tibios", los inseguros, los confundidos... como si no hubiera cabida a términos medios y a posiciones matizadas. ¡Qué peligro! 

Y esto se vive en toda la vida pública, en cualquier sector: en la política, en la educación, en la cultura, en el arte, en la literatura... en la Iglesia. 
¡Sí, también en la Iglesia parece imposible, -o mejor- "inaceptable" el intento por vivir la comunión y por promoverla, polarizados por posiciones más ideológicas y "pseudoapologéticas" que de diálogo auténtico y de encuentro con lo común! Nos repartimos el vestido ensangrentado como auténticos centuriones pretendiendo quedarnos con la parte mayor para alardearnos de poseer nosotros "la verdad". ¡Y nos cuesta tanto entender que con esto lo que hacemos es pretender encerrar la realidad y la Verdad de Dios en nuestros conceptos limitados y barnizados de egoísmo y superficialidad. ¡De un lado y del otro! 

¡Qué difícil ser "de Cristo" cuando te exigen ser "de Apolo o de Pablo"! ¡Qué difícil seguirle, si cuando hablas de "los pobres" ya eres tildado de "rojo", o cuando hablas de liturgia eres "carca"! ¡Qué difícil vivir la Comunión en medio de dos bandos polarizados e irreconciliables, en el que no valen amistades ni puntos medios, ni matices ni argumentos. ¡Somos y estamos muchos de nosotros en esa "tierra de nadie" (¡tierra de muchos!), en la que sólo somos los tontos útiles, sujetos de mofas y sarcasmos. ¡Vaya soledad este desierto de incomprensión! 

Me niego a la estridencia y al extremismo talibán en el que muchos pretenden meternos, a ser llevado a los sanedrines de la moral o del libertinaje. Me niego a ser sujeto de partidarios del populismo demagógico o de la élite clasista, pues ambos me resultan asquerosamente iguales. Quiero ser de Cristo, y que mi extremo sea el amor que pueda poner en cada cosa y a cada paso que doy. ¡No quiero más! Y quiero creer que esto es posible, aunque para la mayoría no lo sea. Quiero entender que la disidencia y el desmarque es también una via de posible conciliación y no de batallas. Quiero seguir soñando que, aún en medio de esta guerra sin trincheras, es posible seguir mirando al cielo en la intemperie y la libertad de conciencia y pensamiento. 

Por supuesto, tú que me lees sacarás tus propias conclusiones, y estarás de acuerdo conmigo (o no), y eso seguro no media el que podamos encontrarnos de nuevo. 

¡Hasta otro día!
De este cura que camina del salón a la cocina y del baño a su habitación... pero que sigue acompañando el camino mientras cantamos juntos, ahora desde las ventanas. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

"Curas influencers", ¿y qué pasa?

¡Hola a todos!
Me despierto más temprano de lo común porque hoy me dio por rezar un poco, y porque viene rondando en mi mente algún "mal pensamiento" que ahora os lo comparto: 

En mi pueblo -como en todos- la sabiduría cotidiana se expresa, entre otros modos, en los refranes. Uno de esos es "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Esto para justificar el título de este breve comentario. ¡Qué mal comunicador soy, qué poco perfil y carisma de "influercer" tengo. ¡Os lo digo de verdad! 
Pero, fijaos... no tengo el mínimo interés por serlo. Y si lo tuviera, ¿qué? ¿Sería menos cristiano o menos cura por eso? ¿Qué sería de San Pablo sin sus cartas? Era el medio que existía para manifestar al mundo conocido su apasionante "¡Ay de mí si no evangelizare!". ¿O es que sólo buscaba también él ser "protagonista" sin más?

¡Qué santa manía tenemos entre los creyentes -y qué habilidad a veces- para tomar sin reparo las piedras y arrojárnoslas entre nosotros! ¡Qué dichosa tentación de tener una permanente posición "crítiquista" ante la vida y la acción de los otros. Pero, más aún -cosa que sí que es más grave- creyéndonos con la licencia para opinar o sentenciar sobre las motivaciones e intenciones de los demás. ¡Qué osados somos! Eso sí, luego también criticamos a los fariseos. ¡Total, la cuestión es criticar! 

Lo curioso del tema es que coincide el "agente criticón" con el "sujeto comodón". Y ahí parece estar el punto. La Madre Teresa de Calcuta -gran "influencer" del silencio y también de las frases fulminantes- solía decir que se mantenía siempre tan ocupada en el cuidado de los más pobres que no tenía tiempo ni para criticar a nadie. ¡Quizás muchos nos estamos ocupando poco! Y me incluyo porque me siento iglesia, porque soy iglesia. Y por amor a ella es que rompo el silencio sobre este tema. 

No digo con esto que no haya de todo... ¡supongo que lo hay, si no, los abuelos no continuaban diciendo en sus populares frases con aroma de evangelio: "Hay de todo en la Viña del Señor". En efecto, si algo precioso tiene la Iglesia es su gran diversidad, la variedad en carismas y en gustos. El problema está cuando comenzamos a mirar de reojo el carisma y el don del que tengo al lado, y entonces dejo de mirar al hermano como un don, y comienzo a mirarlo como una competencia o como... ¡no sé qué cosa! ¡Vaya plan, ¿no?! "No haya entre vosotros divisiones" (1 Co 1, 10), aún cuando el mismo Pablo insistía en la diversidad de este Cuerpo maravilloso que es la Iglesia. 
Y es que entiendo que en esta bella Barca cabemos todos, lo que creo que no se vale es tomar ante la vida (¡de los otros, claro!) una actitud permanente de "criticadera" (no hablo de crítica constructiva ni de la sana denuncia ante lo que pueda resultarnos verdaderamente antievangélico), y más cuando miramos los toros desde la barrera, sin embarrarnos la vida, sin comprometer mi palabra con lo que dicen mis acciones. Y es así como entra el demonio para vencer (porque supongo que sabréis que el Tentador también es el Divisor). Por algo también en mi pueblo dicen "divide y vencerás".

¿¡Qué tal si cambiamos esa actitud por la de montarnos en el tren de la conversión y el cambio de mirada!? Y comenzamos a mirar al otro como a un hermano que, aunque no piense ni sienta igual, sigue al mismo Señor, en "una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4,4). ¿¡Qué tal si, en vez de criticar tanto, apoyamos la iniciativa del otro y la enriquecemos con nuestras aportaciones personales, que siempre son muchas y muy valiosas!? ¿¡Qué tal si comenzamos a asumir al otro como un Don de Dios que, aunque diferente de mí, es un auténtico regalo!? ¿¡Qué tal si arrimamos el hombro con el ejemplo -a veces silencioso y callado, y otras veces comunicando el "ruido estruendoso" de la Buena Noticia de Jesucristo, y nos dejamos ya de ser espectadores "jurados" de los esfuerzos, intenciones y creatividad de los otros!?... Y así se me vienen tantos "¿¡y qué tal si...!?" 

En fin, que mi intención no es más que pensar "en alto", y comunicaros este arrebato que de repente me da al leer cada cosa y escuchar cada palabra en contra de los esfuerzos pastorales de otros hermanos, comulguen con "mi cuerda" o no. Total, no somos ni de Apolo ni de Pablo, sino de Cristo ¿no? Pues, ¡hala! A trabajar y a contemplar con alegría lo que somos y hacemos, que no estamos para perder nuestro tiempo, aunque estemos en cuarentena. Que el cántaro sólo hace ruido cuando está vacío por dentro, así que a llenarnos de la Fuente para que irradiemos agua viva, y no tanta sequedad, que para eso ya está el cambio climático que nos trae de cabeza. 
Vivamos la cuarentena como si no hubiera un mañana, pues no sabemos si, literal y efectivamente, ese "mañana" ya no exista para algunos de nosotros. Y alégrate con los logros y esfuerzos de los hermanos, que Pablo (por no citar a Francisco de Sales o a Don Bosco) también sería hoy el más audaz de los influencers, ¿y qué pasa?

Hasta otro día. 
De este cura, súper mal comunicador y buen pecador, pero que sigue caminando contigo mientras canta... ¡también en cuarentena!